6.9.10

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Fuego azul

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Cuando era más pequeña pensaba que ver el sol cuando cerraba los ojos era un producto de su imaginación, y ansiaba que con el tiempo eso ya le pareciera normal. A los 16 años alquiló un sótano en el que pintó sobre las paredes lo que veía. A veces se lamentaba de eso y se ponía a dibujar sobre las hojas que guardaba en un cajón. En ese lugar el tiempo no parecía pasar, se sabe que años después decidió salir, subió por las escaleras y para esquivar a la pareja de junto sin que la vean salió por la ventana.

Eran las tres de la tarde de un día de marzo, el sol estaba rajante, tanto que no distinguía si tenía los ojos cerrados o abiertos. Tomó un taxi y le dijo que la llevara a la montaña. Luego agregó “soy bióloga y necesito tomar muestras”. El taxista sin preguntar mucho la llevó hasta donde la ruta le permitió subir. “Ahí se corta” dijo él. Ella le dio las gracias y algunos billetes.

Caminó un rato no mirando hacia los costados.

Unas horas más tarde, la policía fue avisada por la voz de un taxista incómodo, quien dijo haber dejado a una mujer vestida de amarillo en la cima de una montaña. Subieron a buscarla. Al llegar revisaron la zona. Fueron días soleados de búsqueda intensa pero no encontraron nada, en realidad no la encontraron a ella, sino a unas vestimentas amarillas apoyadas sobre unas rocas, como si el cuerpo que iba adentro de hubiera derretido.

A sus dibujos encontrados bajo el sótano decidieron llevarlos al Observatorio Municipal de la ciudad.

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2 comentarios:

Muchachita de hierro dijo...

Hermoso guadis!
En una parte me hizo acordar una peli, después te cuento cual.
besos querida, me gusta lo que estas haciendo!!:)
Meli

Guadalupe Ortega Blasco dijo...

si amiga!